10.2.05

El afán de lucro.

Recibo este mail y lo comparto con ustedes:

El afán de lucro.

En muchísimas oportunidades nos hemos referido al contraste que existe entre lo que podríamos llamar la mentalidad media de la población y el deseo de vivir en una economía capitalista como la existente en algunos países avanzados del mundo.
Desde siempre hemos resaltado el resentimiento que ataca a ciertos sectores del espectro ideológico hacia aquellos seres capaces de forjar riqueza sobre la base de su capacidad, su empeño, su dedicación y su sacrificio.
Igual cantidad de veces hemos dicho que el afán distribucionista de nuestros gobernantes y sus adláteres no se condice con la necesidad de acumular el llamado "capital per cápita" que garantiza una mejor calidad de vida para una comunidad.
También otras tantas hemos hablado de la necesidad de mejorar la eficiencia de nuestra economía, dado que entendemos que en tal eficiencia se juega la capacidad de competir internacionalmente con nuestros productos sin tener que recurrir a estafas devaluatorias que pauperizan nuestros ingresos y nuestros patrimonios en aras de un supuesto bien común.
No hemos logrado gran cosa, a decir verdad.
Pero eso no nos amilana.
La necesidad de machacar al respecto viene a cuento de lo ocurrido en Cromagnón y ciertos discursos en los que se hace hincapié en el "desmedido afán de lucro de ciertos empresarios".
Precisamente tales discursos motivan estas reflexiones que siguen, que no nos cansaremos de reiterar de una y mil maneras.
La generación de riqueza adicional se basa en ciertos principios elementales: contar con capital, tener inventiva, poder adquirir o desarrollar los elementos tecnológicos requeridos, producir a escala a costos competitivos y, por supuesto, obtener beneficios.
En este esquema, desde ya, no entran cuestiones tales como reemplazar máquinas emisoras de tiques por empleados que vendan los mismos, como ocurrió hace poco en el Subterráneo de Buenos Aires (una descripción magnífica de lo que estamos planteando, ya que la gente del sindicato hasta realizó encuestas entre el público usuario, donde mayoritariamente se recibió el apoyo al sistema de ventas por empleados -sería interesante realizar ahora una encuesta entre los fabricantes y empleados de la empresa constructora de las máquinas expendedoras, que obviamente se quedaron sin el mercado de marras, pero es demasiado obvio el resultado-).
La creación de riqueza por métodos eficientes y competitivos incluye, desde ya, el hecho de que el Estado no exprima al contribuyente mediante creaciones de impuestosa las ganancias y al capital progresivos y virtualmente "cazadores de recompensas", como ocurre en muchas partes del mundo.
Máxime cuando tales exacciones se destinan a pagar sueldos y honorarios de la caterva de amigos y punteros que ingresan a la función pública una y otra vez para quedarse allí para siempre e incluso acomodar a hijos y entenados.
Es decir, cuando no existe en tal exacción el afán de satisfacer necesidades en materia se servicios para la comunidad.
El afánde lucro es, en sí, un acto perfectamente legítimo y que persiguen muchísimos seres humanos en este mundo, si no todos.
Y cuando decimos "todos" debemos aclarar que el lucro no es, para nosotros,solo el hecho material de ganar dinero, sino que también cuestiones espirituales como "ganar el cielo" entranen la afanosa búsqueda de la felicidad.
Sabemos que estamos forzando el significado del provecho o ganancia de una cosa, que implica el tal lucro.
Pero no deja de ser proverbialemente válido reconocer que ganar la felicidad es también una ganancia, aunque no se mida en bienes materiales.
La idea de que cierta búsqueda de ganancias es "excesiva" conlleva la medida de las cosas a juicio de quien así la considera.
Y esto constituye una falacia de proporciones.
El mismo método que aplica el actual gobierno para exigir inversiones a empresas de servicios públicos cuyas tarifas se han reducido a la tercera parte de lo que eran con el argumento de que ganaron "mucho" es ahora usado para acusar al empresario Chabán por su acción de produnda indignidad humana en el boliche incendiado.
Laviolación de elementales normas de seguridad ni siquiera debe ser producto de una exigencia de autoridades, porque el sentido común por sí solo nos dice que el camino a seguir en caso de riesgos es el de protegernos y proteger a quienes compran nuestro producto, el que fuera.
Chabán se arruinó la vida, creemos modestamente.
Y no por querer ganar "mucho", sino por una actitud demencial y fuera de toda lógica.
Las razones por las cuales una persona actúa fuera de la razón y de la lógica, son infinitas, y no solamente lo es querer ganar dinero.
Perdón, querer ganar "mucho" dinero.
Recordamos haber tenido alguna vez un intercambio de opiniones a raiz del accidente de LAPA en el Aeroparque y el afán de lucro de sus propietarios.
LAPAse fundió como consecuencia de ese accidente.
Bien.
Pero una sociedad no sobrevive únicamentesobre la base de "buena gente" que cumple con los preceptos básicos de conservación de la especie.
La toma racional de decisiones no siempre está presente en la vida, desgraciadamente.
Y eso no depende de afanes de lucro o de lo que fuera, sino del respeto de las normas en un Estado de Derecho.
Es decir que aunque no prive la lógica y la razón, los derechos y garantías constitucionales deben acudir para encauzar al más díscolo y sancionarlo en tanto y en cuanto viole derechos de los demás.
Como todos sabemos, hace rato que esto no ocurre en la Argentina.
Y precisamente no ocurre porque el foco se cambia de lugar dentro de la mentalidad a la que nos referimos al comienzo.
Cuando grupos de activistas empezaron a cortar rutas, ciertas voces ideologizadas nos tildaron de "intolerantes" por sostener que tales recursos deben ser cortados de raíz si queremos convivir dentro de las reglas constitucionales.
Se nos dijo que se trataba del último recurso para reclamar por "derechos".
Qué derechos.
Pues bien, a trabajar, a vivir dignamente, a tener un ingreso razonable.
Para que la gente tenga trabajo, viva dignamente y tenga un ingreso razonable, hacen falta inversiones.
Y las inversiones son por definición generadas en la intención de obtener ganancias.
Las inversiones no concurren a países inestables donde no se respetan contratos y donde ciertos políticos reparten bravuconadas pero no terminan de tomar el toro por las astas de la "reestatización" de una santa vez.
Y cuando hablamos de no respeto de contratos repetimos por enésima vez que nos referimos a todos, empezando por el celebrado por el propio Estado de mantener una moneda convertible al cambio oficial de un peso por un dólar.
En un país donde tales inversiones no concurren, ni concurrirán, no podemos esperar otra cosa que un empobrecimiento aún mayor una vez que se haya terminado el esquema ascendente producto de la utilización de la capacidad instalada para atender la demanda externa luego de la devaluación.
Chabán es un ejemplo de la irresponsabilidad a que nos referíamos hace unos días.
Pero no es el único ni de lejos.
Sin embargo es el único preso.
Repetimos: el único.
La persecución del afan de lucro como algo pecaminoso e indigno es la que nos lleva de cajón a estos juicios de valor sobre lo que podríamos llamar la "cantidad de afán".
No hace falta pensar mucho para darnos cuenta de que estamos en el terreno de la subjetividad respecto de qué es mucho y qué es poco, a menos que tengamos parámetros objetivos para medir comparativamente tal hecho.
Y aún en el caso de que el afán sea a todas luces y medido en parámetros racionales, excesivo, cada cual es dueño de disponer el afán que le dé la real gana.
Ahora bien, la persecución del lucro como una cuestión pecaminosa tiene un trasfondo religioso evidente.
Pero hete aquí que sin lucro no crece el capital per cápita y sin inversiones del Exterior tampoco.
Y si el capital no crece, las posibilidades de mejorar la calidad de vida son nulas.
Una reflexión final sería la siguiente: un empresario que gana mucho dinero y que ocupa una determinada cantidad de empleados (digamos un Coto), es un señor de una enorme capacidad de creación y que seguramente destina enorme cantidad de horas a su trabajo.
Ese empresario debe atender luego a las cargas impositivas, previsionales, laborales y lo que fuere que parten del Estado, y además atender al sindicato que vive a sus expensas mediante retenciones compulsivas a los trabajadores.
Cuando ese empresario exterioriza un nivel de vida determinado, es odiado y perseguido por las mentalidades que asumen como pecaminoso el ganar dinero.
Pero si el empresario no llevara a cabo su actividad, es obvio que el trabajo desaparecería y toda la gente ocupada quedaría en la calle.
¿Por qué entonces se lo persigue y se lo odia? La palabra empresa deviene del verbo emprender.
Los emprendedores hacen cosas y de ellos depende el crecimiento material del mundo.
Del mismo modo que de los artistas dependen ciertos aspectos espirituales o culturales.
O de los deportistas geniales que hacen posibles grandes espectáculos donde se mueven millones de dólares.
Quienes presionan para terminar con los tales empresarios se basan, precisamente, en el odio al afán de lucro.
Se trata de la irracionalidad de quienes pasionalmente odian el éxito del otro.
Bien.
Estas consideraciones, como es obvio, no son populares entre nosotros.
Pero son ciertas.
Tales o cuales empresarios serán buenos o malos, justos o injustos, dadivosos o amarretes, buenos o pecadores, pero esencialemente son creadores.
Y si se ciñen a las leyes en un Estado de Derecho y no cometen delitos, tienen derecho de ser como se les cante.
Y si no se ciñen a tales leyes, el problema es otro.

Héctor Trillo

3 Comentarios:

A las 10:19 p. m., Blogger Louis Cyphre dijo...

muy bueno!

 
A las 12:28 p. m., Blogger Sine Metu dijo...

El punto es, señoras y señores, que la codicia -por no encontrar una palabra mejor- es buena.
La codicia está bien.
La codicia funciona.

Gordon Gekko

 
A las 6:30 p. m., Blogger Nacho dijo...

Ayn Rand:
"My philosophy, Objectivism, holds that:
1. Reality exists as an objective absolute—facts are facts, independent of man's feelings, wishes, hopes or fears.
2.Reason (the faculty which identifies and integrates the material provided by man's senses) is man's only means of perceiving reality, his only source of knowledge, his only guide to action, and his basic means of survival.
3. Man—every man—is an end in himself, not the means to the ends of others. He must exist for his own sake, neither sacrificing himself to others nor sacrificing others to himself. The pursuit of his own rational self-interest and of his own happiness is the highest moral purpose of his life.
4. The ideal political-economic system is laissez-faire capitalism. It is a system where men deal with one another, not as victims and executioners, nor as masters and slaves, but as traders, by free, voluntary exchange to mutual benefit. It is a system where no man may obtain any values from others by resorting to physical force, and no man may initiate the use of physical force against others. The government acts only as a policeman that protects man's rights; it uses physical force only in retaliation and only against those who initiate its use, such as criminals or foreign invaders. In a system of full capitalism, there should be (but, historically, has not yet been) a complete separation of state and economics, in the same way and for the same reasons as the separation of state and church".

 

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